Como ya habrán deducido por el título, mudarme al extranjero aumentó significativamente mi conciencia y orgullo por ser latina. Comencemos con una confesión: hace siete años, ser colombiana no era algo que celebrará abiertamente. Mi pasaporte colombiano, con todas sus limitaciones de viaje, junto con la tumultuosa historia de nuestra nación y los desafíos continuos, era una fuente de incomodidad de la que quería distanciarme. Vivir temporalmente en países globalmente admirados como Francia y Canadá solo amplificó este sentido de insuficiencia, fomentando una comparación poco saludable que me hizo anhelar cambiar lo inmutable: mis raíces.
Consideraba la universidad como mi boleto para una expatriación a largo plazo, una oportunidad para reinventarme lejos de las sombras de Colombia. Después de una serie de intercambios académicos por Europa, estaba lista para embarcarme en mi viaje universitario a Glasgow, Escocia, a los 17 años. Me avergüenza admitirlo ahora, pero un factor sutil en la elección de un lugar tan distante fue la promesa de encontrarme con menos latinos, especialmente colombianos. En esencia, estaba intentando escapar de mis raíces.
En mis primeros días en el extranjero, era muy consciente de que, aunque no podía cambiar el hecho de ser latina, podía evitar encarnar los estereotipos "clásicos". Temía el comentario, "Oh, sí pareces colombiana", como si fuera una especie de marca indeseable. En cambio, me encantaba cuando la gente me confundía con ser egipcia, afgana, pakistaní o iraní. Mi piel morena, cabello negro y ojos verde claro no encajaban en la imagen estereotipada de una latina, y por alguna razón extraña, eso me hacía sentir única. Nunca mentí sobre mis orígenes, el no saber hablar farsi o urdu me habría delatado, pero no me importaba dejar que las ideas erróneas de la gente persistieran. Me aliviaba esquivar los comentarios trillados sobre Sofía Vergara, Shakira o las inevitables referencias a narcos.
Pero esta vergüenza equivocada no duró. Con el tiempo, comencé a lidiar con esta dualidad: aunque no me gustaba que me encasillaran por mi nacionalidad, también me irritaba las narrativas reductoras y omnipresentes sobre Colombia. Mi profundo conocimiento de nuestra historia, acompañada con mi estudio en política y relaciones internacionales, alimentaba mi capacidad para contrarrestar estos estereotipos con hechos y discursos certeros. Me di cuenta de que estos "chistes" eran microagresiones apenas veladas, manifestaciones de un racismo sutil que exigía ser desafiado.
Gradualmente, mi perspectiva cambió. Vivir en el extranjero despertó una curiosidad más profunda por mi identidad colombiana. Lo que comenzó como un reconocimiento a regañadientes se convirtió en una defensa apasionada. Quería desmontar las percepciones internacionales simplistas y, a menudo, ignorantes sobre Colombia. Cómo latina, una mujer colombiana en el Reino Unido, sentí una responsabilidad no solo de enaltecer a mi país sino de mostrar nuestra rica identidad con orgullo.
El camino hacia abrazar mi herencia no fue lineal. Sin embargo, inesperadamente, me encontré liderando proyectos educativos que conectaban a niños colombianos con estudiantes internacionales, abordando problemas sociales como la pobreza y la interrupción educativa, y sumergiéndome en los cambios generacionales en América Latina. Mi tesis se convirtió en una investigación profunda de ocho meses sobre las complejidades de Colombia, que involucró entrevistas e investigaciones incansables. A pesar de descubrir más sobre nuestras luchas, encontré un inmenso orgullo al declarar, "Soy colombiana".
Ser latino es un privilegio compartido por aproximadamente 665 millones de personas en todo el mundo. Es fácil pasar por alto la riqueza de nuestra cultura, historia y diversidad cuando estás sumido en los desafíos diarios de América Latina. Sí, nuestra región enfrenta problemas significativos; la inequidad, la corrupción y la agitación social son rampantes. Pero es precisamente por estas luchas que debemos mantener la cabeza en alto. Nuestra resiliencia, creatividad y espíritu comunitario son incomparables, y estas cualidades merecen ser celebradas.
A mis compañeros latinos, dondequiera que estén: abracen su cultura con orgullo. Cambiemos la narrativa y mostremos la belleza, fortaleza y riqueza de nuestras culturas. Compartan sus historias, desafíen los conceptos erróneos y sean las voces que redefinan lo que significa ser latino. Me encantaría escuchar sus experiencias, dejen un comentario o conéctense conmigo en las redes sociales. Juntos, podemos celebrar nuestra identidad compartida y seguir elevando nuestra comunidad.
Conéctate con SOMOSSiempre hay espacio para una historia más en nuestro globo. Nos dedicamos a mantener vivas esas narrativas, compartiéndolas, aprendiendo de ellas y reflexionando juntos. Te invitamos a explorar con nosotros la rica historia de América Latina. Aquí, cada historia y cada voz son motivo de celebración, y nos unimos a través de nuestras raíces y las culturas que nos conectan. Sé parte de este viaje y forma parte de nuestra historia. Suscríbete a nuestro boletín y recibe consejos, curiosidades y mucho más sobre el valioso legado histórico latinoamericano.






