Si estás paseando por Inglaterra el 6 de marzo, no te asustes. No, el año no saltó de repente a octubre ni quedó algún rezago tardío del Carnaval. Los disfraces que verás en las calles son parte de una tradición escolar británica para celebrar el Día Mundial del Libro. Alumnos y maestros dejan a un lado los uniformes y se transforman en sus personajes literarios favoritos, todos con un mismo propósito: fomentar la lectura.
Pero, ¿realmente está funcionando ese incentivo? En 2024, solo el 34.6% de los niños y jóvenes británicos entre 8 y 18 años dijeron disfrutar de la lectura, y apenas el 20.5% afirmó leer a diario. Entre los adultos, el panorama tampoco es alentador: desde 2015, apenas el 13.8% de los británicos mantiene el hábito de leer con regularidad. La rutina acelerada, el atractivo de las redes sociales, las dificultades económicas y el cierre de bibliotecas contribuyen a esta situación.
“Leer nos convierte a todos en inmigrantes. Nos aleja de casa, pero, más importante aún, nos encuentra un hogar en cualquier lugar.” - Jean Rhys
Antes de que existiera la palabra escrita, eran las historias orales las que transmitían el conocimiento, la cultura y la identidad. Los pueblos originarios de América Latina utilizaban la oralidad para preservar su historia, y hasta la colonización europea creó lenguas de contacto, como la Língua Geral en Brasil, para unir a diferentes pueblos. Pero, con el tiempo, muchas de esas voces fueron silenciadas. Hoy en día, los migrantes enfrentan un reto parecido: mantener viva su lengua materna mientras aprenden un nuevo idioma. En este contexto, la lectura se convierte en un puente entre el pasado y el futuro, permitiendo que la identidad cultural permanezca firme, incluso lejos de casa.
Para los migrantes, la lectura tiene un papel aún más profundo. Además de ayudar en la adaptación a la cultura local y en el aprendizaje del idioma, es una herramienta poderosa para la integración social, el acceso a oportunidades laborales y educativas, e incluso para ejercer una ciudadanía activa. En el Reino Unido existen programas que promueven el aprendizaje del inglés y el conocimiento de la cultura local, donde la lectura juega un rol clave. Pero los libros también ofrecen algo más: la posibilidad de viajar en el tiempo, de regresar a ese hogar lejano y de fortalecer los lazos con nuestras raíces.
Más allá de las escuelas, las bibliotecas en el Reino Unido también desempeñan un papel fundamental en la promoción de la lectura entre los migrantes. Estas iniciativas son especialmente valiosas para niños bilingües, ya que les permiten mantener el contacto con su lengua materna mientras desarrollan habilidades en inglés. El bilingüismo no solo fortalece la identidad cultural, sino que también aporta beneficios cognitivos, como una mayor flexibilidad mental y facilidad para aprender.
La experiencia migratoria está lejos de ser simple o uniforme. Escuchar historias de otras realidades y dar espacio a distintas perspectivas y vivencias en nuestra narrativa colectiva, nos acerca como sociedad. Al final del día, la literatura tiene ese poder: abrir puertas, tender puentes y, sobre todo, recordarnos que formamos parte de un mundo hecho de historias entrelazadas.
La literatura nos conecta con quienes somos y con quienes queremos ser. Y eso es precisamente lo que hacemos en SOMOS : conectar a latinoamericanos, personal y profesionalmente, donde sea que estén. ¿Escribimos este próximo capítulo juntos? Suscribite a nuestro newsletter y recibí cada semana consejos, curiosidades, promociones exclusivas y mucho más. ¡Sigamos escribiendo y manteniendo viva nuestra historia!






