El llamado del tambor y del bullerengue en Londres

Valeria Pacific es una artista que transita con fluidez entre las raíces ancestrales y el diálogo global contemporáneo. Radicada en Londres, esta percusionista y activista cultural colombiana convirtió su trayectoria en una misión de preservación y conexión transnacional. Nació en las montañas de Bogotá y creció con un vínculo inquebrantable con la costa Caribe, de donde es originaria su familia. La música siempre estuvo en el centro de su vida.

El cuerpo que bailaba en silencio encontró su voz en la piel del tambor

Aunque la música siempre estuvo presente en el entorno familiar, su camino hacia la profesionalización estuvo marcado por un período inicial de dudas y por un sentimiento de no encajar. Durante años, ese intenso impulso interior encontró expresión a través de la escucha obsesiva y del movimiento corporal en la danza. Sin embargo, su encuentro con los tambores y el bullerengue epresentó un llamado inevitable, visceral y espiritual. Nacido de la curiosidad compartida entre amigos, este proceso de exploración se convirtió en el eje central de su vida. Inspirado en la voz legendaria de Totó La Momposina, el colectivo londinense Akolá Tambó nació en 2020, fundado por Esteban Card. Rápidamente, Valeria Pacific asumió un papel central y, posteriormente, la codirección del primer grupo de bullerengue de este lado del Atlántico. De esta visión nació el histórico álbum de Akolá Tambó, Son Pa’ Los Palenques, la primera grabación tradicional de bullerengue en el Reino Unido.

Donde las palabras fallan, el tambor crea un ritual que nadie presencia en soledad

Su filosofía se basa en la música como lenguaje universal, especialmente en el tambor, capaz de superar barreras lingüísticas y racionales. El ritmo y la vibración conectan el cuerpo con la emoción, produciendo una traducción afectiva inmediata. Esta visión le permite entablar un diálogo fluido con el paisaje multicultural de Londres, ya sea en la One World Orchestra, junto a músicos de diversos orígenes, o mediante la fusión de música tradicional colombiana y beats electrónicos en sus sets de DJ. Rechaza la separación entre artista y público y concibe la performance como un ritual comunitario y energético.

Navegando por la invisibilidad europea con el equipaje de quien sabe de dónde viene

Como artista latina en Europa, enfrenta diversos desafíos, entre ellos la invisibilidad, la necesidad de traducción cultural y las interpretaciones estereotipadas de su cultura. En respuesta, asume un papel educativo, enseñando a públicos internacionales sobre los contextos históricos, sociales y espirituales de su práctica. A través del Bullerengue Circle, una organización de interés comunitario que cofundó y dirige, desarrolló pedagogías inclusivas para promover el género como una herramienta de sanación y resiliencia, manteniendo un admirable rigor ético en relación con el trabajo cultural en la diáspora. Con el apoyo de becas del Arts Council England, Valeria viajó a los lugares de origen del bullerengue —María La Baja, Turbo y Palenque—, donde estudió aspectos artísticos e investigó dimensiones espirituales junto a maestros y maestras mayores, asegurando la preservación responsable de estas tradiciones ancestrales, sin dilución ni distorsión. Regularmente organizan eventos gratuitos en formato de rueda. Cuando se trata de sesiones contratadas en este formato, el valor habitual es de alrededor de £400, aunque puede variar según las circunstancias específicas.

La plataforma cultural de Valeria Pacific cumple un propósito social y político transformador para la comunidad migrante, incluidos los latinos de segunda y tercera generación. Entendiendo que la identidad se intensifica con la distancia, utiliza la música como ancla de pertenencia, orgullo y memoria colectiva. Al ofrecer un espacio basado en la experiencia corporal y la presencia física, permite a las generaciones más jóvenes experimentar el mundo desde una perspectiva no occidental. En un contexto europeo frecuentemente aislante, su trabajo privilegia la comunidad, la conexión y el apoyo mutuo, ayudando a la diáspora a reivindicar su identidad con claridad y responsabilidad.

La expansión de un imperio sonoro que se niega a ser empaquetado para el consumo masivo

Valeria Pacific entra ahora en una etapa prolífica y creativa, marcada por colaboraciones internacionales y por la expansión de su paleta sonora. Su práctica incorpora nuevos instrumentos afrocolombianos, mientras aprende a tocar gaita y marimba y explora sonidos electrónicos. Recientemente regresó de una histórica gira por el Reino Unido y Europa junto a la maestra del bullerengue Darlina Saenz, de Necoclí. Además, su interés por la experiencia migrante se está expandiendo hacia un profundo diálogo entre diásporas. En colaboración con Liz Ikama, lanza Rhythms of Return, un proyecto que explora musicalmente el hogar, el desplazamiento y la memoria ancestral. A esto se suma una temporada de festivales con Akolá Tambó y One World Orchestra (SXSW, Shambala, Tropical Pressure), una residencia con Patricia Doors y una serie de sets de DJ que exploran la diversidad de sus universos sonoros.

Esta producción artística está respaldada por un fuerte orgullo cultural y por una contundente crítica sistémica a la industria musical global. Ella concibe la identidad latina no como una categoría de nicho de mercado, sino como una superpotencia artística cargada de fuerza política y espiritual. Rechaza conscientemente la lógica estética occidental que con frecuencia estiliza, diluye y empaqueta los sonidos latinoamericanos para el consumo masivo. Esta mirada crítica también se extiende al mercado musical mainstream.

Aunque reconoce el poderoso impacto sociopolítico de figuras como Bad Bunny en la promoción de la representatividad, mantiene una postura cautelosa frente a la manera en que las estructuras capitalistas comercializan culturas históricamente excluidas sin impulsar cambios estructurales. Frente a este individualismo comercial, su principal consejo para otros artistas que viven en el extranjero es construir redes genuinas de apoyo. Cree firmemente que crear arte en comunidad y, siempre que sea posible, en la lengua materna, es lo que, en última instancia, le confiere a la vida y al trabajo su significado revolucionario.

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