Crecer entre dos culturas: mis raíces y mi historia

Emigrar a un nuevo país siendo niño es una experiencia muy distinta a la de un adulto. Es una decisión en la que no eres partícipe; simplemente acompañas a tus padres a comenzar una nueva vida en otro lugar sin saber lo que realmente ese cambio va a suponer para ti.

Llegué a España desde Colombia en 2008 con 6 años. En ese entonces, no entendía lo que suponía emigrar. No sabía que estaba dejando atrás un país y una cultura que, aunque todavía no lo entendiera, siempre formarían parte de mí. Tampoco comprendía que empezar una nueva vida en otro país no es solamente cambiar de casa o colegio sino aprender a convivir con dos culturas y con la sensación de estar en medio de ambas.

Crecer en España como colombiana

España se convirtió en mi nuevo hogar. Aquí he estudiado, hecho amigos y he vivido distintas experiencias que me han convertido en la persona que soy. No puedo negar que hay una parte de mí que pertenece a España.

Pero también hay otra parte que proviene de mis raíces colombianas y sus tradiciones. Desde niña, he comido arepas, patacones, sancocho y demás platos típicos de la costa del Caribe; he escuchado cumbias y vallenatos y he aprendido de nuestra historia y cultura.

Así, la comida, la música, las expresiones, el cariño y la cercanía latina se han quedado siempre conmigo. Mis padres nunca dejaron que me alejara de nuestra cultura y eso me parece muy especial cuando uno es hijo de inmigrantes. A pesar de haber crecido en España, siempre llevaré conmigo una parte de Colombia en mi corazón.

La sensación de estar “en medio” de dos países

Otra de las realidades de crecer entre dos culturas es la sensación de estar en medio y sentir que debes demostrar a cuál de los países perteneces. En España, siento que no soy completamente de aquí, a pesar de haberme criado en el país. Hay momentos en los que hablando con amigos, me doy cuenta que mis experiencias son diferentes a las que ellos han vivido.

Pero cuando vuelvo a Colombia, también me doy cuenta que he cambiado y ya no soy aquella niña que se fue en 2008. He crecido en España y eso también me ha forjado. A veces, se siente como que tienes que elegir cuando hacen preguntas como:

“¿Te sientes más latina o española?”

“¿De qué país eres realmente?”

Y quizás lo más difícil de entender es que no siempre hay una respuesta sencilla porque mi identidad no es una sola etiqueta. Soy de allí, pero también de aquí. Una parte de mí pertenece a España y otra que pertenece a Colombia y ambas pueden coexistir al mismo tiempo.

No quiero elegir entre las dos

No quiero elegir entre una cultura ni la otra ni demostrar que soy suficientemente latina o española. No quiero eliminar una parte de mí para que la otra tenga más visibilidad. Ambas forman parte de mi historia y la persona que soy es el resultado de todo ello

España es parte de mí porque aquí he crecido, estudiado y trabajado. Mis raíces latinas también son parte de mí porque son mi familia, la educación que me han transmitido, la música que escucho y mis platos de comida favoritos.

“Pertenecer” no es escoger un único lugar, sino que son distintos lugares que viven dentro de cada uno de nosotros y nos hacen únicos. Si algo he aprendido de mi experiencia migratoria es que no tengo que justificarme y no tengo que elegir una sola parte de mí. Puedo querer a España y sentirme orgullosa de mis orígenes colombianos, de la tierra en que nací y que sé que siempre estará para mí cuando la necesite.

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